Reseña de: Kember, S. (2014). “Why Write? Feminism, Publishing and the Politics of Communication” new formations, 83(83), 99–116. doi:10.3898/newf.83.06.2014 

Hay en Sarah Kember una preocupación por una política comunicativa de corte neoliberal en el Reino Unido que afecta el ámbito de la escritura académica y creativa. Kember retoma a Jonh Holmwood para postular que en el fondo de la discusión que sostienen las reformas neoliberales sobre el acceso abierto, se oculta una binariedad. Ésta excluye la política en aras del consenso, se trata del binario abierto/cerrado como si se tratara positivo/negativo. Kember emplaza la discusión desde una política de comunicación feminista que no postula el radicalismo en oposición al neoliberalismo. Por el contrario, busca instaurar una relación de antagonismo (Mouffe) dentro de un nexo de problemas. Esto es entendido aquí como la configuración de la escritura, publicación, privatización y comercialización; la pregunta clave para la política de la escritura no es la metafísica (¿qué es la escritura? ) sino una pregunta más provisional: ¿por qué escribir?

La postura binaria de la que habla Kember aparece en el reporte Finch (2012). El reporte aboga por la eliminación de las barreras legales que impiden el libre acceso a las investigaciones financiadas con fondos públicos. También pugna por el acceso abierto que precisa de la reforma a los derechos de autor, bajo el argumento de que esto permitirá el avance de la ciencia y la industria.1 La misma posición es la que mantiene la denominada Hargreaves review of Intellectual Property,2. Ésta última busca rediseñar la propiedad intelectual con el objetivo de eliminar barreras al conocimiento. Así, según esta propuesta sería más equitativo y permitiría una mejor competencia, además de combatir directamente la piratería.

Esta “preocupación” por eliminar las barreras que impone la propiedad intelectual o los derechos de autor en aras de un mercado más transparente, justo y competitivo no es otra cosa que -en palabras de Martin Paul Eve- “la práctica de usar el libre mercado como la asignación de todo valor.” No obstante, estas medidas están próximas a ponerse en marcha para el año 2020 por el Consejo de Investigación de Reino Unido (RCUK por sus siglas en inglés). Las medidas agudizarían la desigualdad entre autores porque el Creative Commons BY (CCBY) permite que sea suficiente citar al autor, en lugar de solicitar y pagar su permiso para la distribución.

Uno de los problemas por estas propuestas es que el financiamiento para gastos de publicación e investigación (APCs) es limitado, sobre todo en las humanidades. Al hacer más precaria la situación de algunos autores frente a la posibilidad de pagar que tienen otros, la capacidad para pagar por publicar será desigual. Es decir, aumenta la desigualdad académica y fomenta el poder del pago en lugar de la capacidad académica.

Sarah Kember hace énfasis en que tanto el informe Hargraves como el Finch utilizan una narrativa que postula que “la propiedad intelectual es obsoleta y, por lo tanto, debe corregirse”; pugna porque el acceso cerrado que debe solucionarse, formando las agendas en binario a favor y en contra de los derechos de autor desde un consenso racional tecnocrático que niega cualquier asimetría y despolitiza el debate. Curiosamente, las respuestas a esas problemáticas de parte del gobierno coinciden perfectamente con los servicios que ofrece el espectro Google. Todo esto respaldado desde la oficina de Business Inovation and Skills (BIS) que se preocupa más por la industria que por las personas. Se preocupa menos en publicar que en la industria tecnológica, como ha señalado el reporte Supporting the Creative Economy del Departament of Culture, Media and Sports (DCMS).

Esta polarización binaria, acceso abierto o cerrado, propiedad pública/propiedad privada, suprime la política y en su lugar propone la unificación de las agendas a favor del acceso abierto y en contra de los derechos de autor. Se produce un consenso tecnocrático que puede definirse como una agenda pro-anti-derechos de autor. Kember decanta su postura por una línea de pensamiento impulsada por algunos pensadores como Jacques Ranciere, Chantal Mouffe, y por supuesto más directamente por Jacques Derrida. Para estos autores la política es precisamente el desacuerdo, la pluralidad y la diferencia. Así pues, la posibilidad de re-politizar el problema surge primero del rechazo al consenso y, luego, asumiendo una posición derrideana por un indecidible o inconmensurable respecto a los binarios propuestos o impuestos.

Optar por la deconstrucción tiene como estrategia derrocar e intervenir las jerarquías binarias antes descritas. Una estrategia de escape a la limitación del consenso, negándose a subsumir jerárquicamente una posición a otra. Se trata de ofrecer términos provisionales sin llegar nunca a convertirlos en un tercer término que resuelva la dicotomía. Estos términos provisionales enlazan a la deconstrucción (Derrida) con el feminismo (Haraway), cuya crítica no es negativa o positiva sino, enfáticamente, política. Kember sostiene que si el poder opera a través de términos estabilizadores, entonces la política es lo que hace posible desestabilizarlos. Para esto es necesario reconocer la dependencia constitutiva entre el ámbito comercial y el de la crítica. Pues, si el debate a favor o en contra del acceso abierto o cerrado captura la crítica, captura también la investigación académica y su producción crítica, subsumiendo así en el consenso anti-pro toda posibilidad.

Kember cree que el trabajo por señalar los límites de la apertura ya se ha realizado. Sin embargo, hace falta la invención de términos que vayan más allá. El mecanismo principal para ello es “El proceso de la escritura” porque “siempre revela lo que se ha suprimido, cubre lo que se ha revelado y, en general, viola las posiciones que se cree que la sostienen” (Derrida, De la gramatología). La estrategia deconstructiva de Kember es tomada de Donna Haraway quien interpreta la differance derridiana y la propone como un modo de marcar la diferencia, aprovechando herramientas del mundo marcadas de otra manera; las herramientas “son historias contadas, versiones que revierten y desplazan los dualismos jerárquicos de las entidades naturalizadas”. Kember busca estas herramientas en editores que podrían considerarse colonizados. A ellos los convocó para contribuir en torno al acceso abierto y los derechos de autor.

¿Crisis, cuál crisis? El futuro de la publicación (académica) y las humanidades

Si el debate sobre la publicación queda enfocado en la discusión sobre el acceso abierto, cabría preguntarse ¿acceso a qué? En el caso del informe Finch es acceso a los negocios, lo que deviene falta de acceso cuando esté comercializada la investigación. Al respecto Kenber propone -siguiendo a Janneke Adema, Joe Deville y Andrea Francke- que lo que permanece ocluido es el asunto de la responsabilidad. Aunque sería suficiente con la atribución de autoría según Kember, la cuestión de la responsabilidad nos desplaza a un lugar distinto, porque se trata de la responsabilidad de lo publicado, hacia los textos; propiedad como responsabilidad de la investigación.

Pero si eso fuera poco, centrarse en los derechos sobre el texto, como señala Carol Stabile, supone que no hay nada más que discutir. Es decir, quedan fuera las condiciones de vida institucionales y extrainstitucionales que estructuran el proceso de investigación y escritura, así como prácticas académicas específicas, tales como la revisión por pares y citas. Por todo esto en lugar de proponer una crisis como lo hacen otros estudios, Kember prefiere hablar de “un encuentro continuo, dinámico y antagónico”, con todo lo externo a las humanidades, como la digitalización y comercialización, entre otras cosas.

Es precisamente esta deconstrucción de la idea de crisis lo que permitirá intervenir en aquello que se considera debajo de la línea. Para esto es necesario reconocer que la experimentación y la institucionalización están interconectadas, ambas dependen entre sí; del mismo modo que las humanidades han mantenido constante la capacidad de interconectarse con personas fuera de la academia y fuera de las humanidades mismas. Esto hará posible pensar una política feminista de la comunicación.

Feminismo y práctica académica

Desplazar la lógica binaria y el consenso tiene como tarea pendiente repensar las humanidades, no sólo lo humano, sino todo lo relacionado con él. Y sobre todo desde la perspectiva de la excepción y no de lo universalizable. De todo lo que se niega a encajar y que no se deja asimilar en el todo, revelando así los límites de todo el sistema. De este modo, pensar el acceso abierto sólo desde la perspectiva de los académicos es problemático porque lo hace desde la perspectiva de lo universal, manteniéndose dentro del binario abierto o cerrado. Siguiendo a Haraway, Kember considera que la excepción está en este caso en los grupos colonizados que aprovechan las herramientas del mundo que los marcó. De este modo hacen uso de la escritura contando nuevamente sus historias de tal modo que reviertan y desplazan los dualismos jerárquicos.

Estos grupos son editores independientes que aprovechan las herramientas de un mundo que los marcó. Ellos son los que realizan un trabajo bajo la línea, oculto, que se convierte en la excepción y que es clave en la publicación; trabajo invisible, como señala Joe Deville de Mattering Press. Mercedes Bunz de Hybrid Publishing Lab, ha propuesto visibilizar los nombres de los invisibles de la publicación de un modo similar a los créditos al final de la película. Estos editores son investigadores jóvenes que realizan trabajo oculto para publicaciones académicas. Un ejemplo son las revisiones de doble ciego que han sido doblemente precario para ellos, por ser trabajo informal y temporal. Otra excepción que permite pensar el lugar de las evaluaciones de doble ciego en la publicación y sobre el hecho de que dos o uno de los académicos tenga la última palabra sobre la aceptabilidad de un artículo.

Y es que la experiencia de revisión por pares es la que lleva a los compañeros de Mattering Press a cuestionar su perspectiva, dado que este sistema puede hacer desistir a muchos de la vida académica o bien a impulsarlos a trabajar mucho más. Éstas prácticas académicas producen lesiones ocultas experienciadas, es decir, encarnadas, afectivas e internalizadas, diferencias por género, clase y raza. Así lo señala Rosalind Gill, quien desde su investigación feminista propone el conocimiento corpóreo, situado, encarnado, contrario al conocimiento incorpóreo trascendente. Asumir la responsabilidad es posible desde el conocimiento encarnado, se trata de una intensificación y extensificación del trabajo que se basa en amor, devoción, pasión y compromiso, según anota Carol Stabile, como un trabajo político; esto caracterizaría una revisión entre pares no cerrada sino abierta, entendiendo así sus oclusiones y problemas.

El feminismo como praxis académica

El feminismo aquí tiene el reto de hacer la diferencia, porque si las publicaciones feministas son atrapadas por la autorregulación del trabajo sobre el que habla y escribe. ¿Qué diferencia está haciendo? ¿Qué tipo de trabajo puede hacer? En la medida en que es la excepción en la publicación, ¿cómo se niega la publicación feminista a encajar o resistir la asimilación? Una de estas maneras es, como señala Valerie Solanas, la ausencia de trabajo orquestado como una actividad anárquica y estratégica, pero también es el redireccionamiento del contenido y el lugar donde se publica. Es necesario buscar editores más éticos, creativos e intelectualmente vitales y desde luego menos explotadores.

Kember señala que precisamente, ella está redirigiendo su trabajo de esta manera como otros investigadores, que buscan retirar sus experienciaciones de las revistas convencionales. Esto asigna y reconoce el trabajo de edición como un activismo, esto explica por qué están emergiendo editoras digitales universitarias evaluando modos experimentales de comunicación. De este modo es que se actúa desde la excepción creando condiciones de posibilidad crítica, superponiendo legados separados, enseñando cómo soñar fuera de los límites del matriarcado capitalista manifestado como trabajo feminizado en lugar de feminista.

Apertura desde el acceso abierto

Entre las editoriales que destaca Kember está Mattering Press, una editorial que se posiciona como una intervención política alineada con voluntad feminista no feminizada por marcar la diferencia. Esta editorial se ocupa de la publicación produciendo un conocimiento nuevo a partir de relaciones e infraestructura nueva; cosas que importan y por tanto materializarlas como sujeto y objetos de cuidado. Una editorial ética asume la responsabilidad por el conocimiento que produce y por la forma en que lo hace, se trata de una excepción; significa una perspectiva de trabajo feminista que abre o da apertura al acceso abierto. Esto significa que el acceso abierto es abierto hacia su exterior, a sus relaciones, procesos, textos, materialidades, modos y contextos disciplinarios. Tiene sentido que, desde esta perspectiva, la propuesta deconstructiva de Janneke Adema sostiene que no deberíamos adherirnos a los movimientos, ni a las relaciones, sino al movimiento mismo y la relación.

Instituir invitalismo

De este modo la relación entre arte y academia podría encontrarse a través de la escritura. Pero, ¿cómo y dónde es posible escribir de y sobre los trabajos binarios jerárquicos de apertura y los círculos viciosos del trabajo feminizado? Andre Franke y Eva Weinmayr proponen el Proyecto Piratería —un proyecto que nació a partir de una biblioteca y que ahora tiene un éxito encomiable—, evitando el blanco y negro de los derechos de autor con una propuesta creativa. La colección experimenta con estos derechos para estimular el debate y alentar una mayor intervención. La colección propone a los lectores mediante una convocatoria pública “ayúdanos a explorar el lenguaje de la piratería”. Así, los lectores se involucran en un lenguaje deconstructivo que lleva a nuevas definiciones y a crear nuevos conceptos provisionales de piratería, como “pedir prestado”, “repetir”, “clonar”, o como “el plagio desafía las percepciones comunes de la originalidad”.

Al respecto Kember se pregunta, volviendo a Derrida y Haraway, “qué pasaría si la escritura académica se convirtiera, como siempre ha sido, en un arte de la invención, así como un acto de intervención”. En este ánimo deconstructivo, Kember propone para esto el término invitalismo. El invitalismo es similar al oportunismo del acceso abierto dirigido por académicos, la sensación de que un debate (si no un movimiento para la reforma) es lo suficientemente abierto como para ser pirateado, secuestrado y redirigido. El invitalismo es antagónico al continuo encierro del acceso abierto, la experimentación y especialmente el vitalismo. Se mueve contra este ámbito, aunque no lo logra, en ningún sentido final. Es político sólo en su antagonismo y no constituye en sí mismo un movimiento intelectual o creativo (o de hecho, una combinación de los dos).

El invitalismo difiere del oportunismo porque está menos limitado a un movimiento y más inclinado a vagar. Por ejemplo: entre movimientos de acceso abierto y reforma de derechos de autor. En su deambular está en sintonía con la im-posibilidad de una política de comunicación feminista que no es negativa ni afirmativa, sino más bien estratégica. Siempre en movimiento como política de intervención (en textos, sistemas, movimientos —incluido el propio—, o un status quo) y de invención. Toma el movimiento del acceso abierto dirigido por eruditos y lo convierte en una invitación para académicos y artistas por igual.

El invitalismo busca deshacer el trabajo de escribir sobre la práctica académica y trabajar más en el trabajo de escribir fuera de sus recintos. Es una escritura académica que no trata sobre, sino fuera (a medio camino) de la erudición, siempre en el proceso de reinventarla y experimentar. El invitalismo es revitalizante.

Conclusion: ¿por qué escribir?

Kember sostiene que el papel crítico de la filosofía consistirá en crear una apertura que permita la intervención política en la instrumentalización de la escritura. Así, una filosofía deconstructiva permite a Kember desplazar la pregunta metafísica de la escritura para dar cuenta de las condiciones que hacen posible su aparecer. Guiada por esta estrategia deconstructiva, lanza la pregunta a un grupo de interlocutores, ¿por qué escribir? La respuesta tendrá que proponerse a partir de la asociación de feminismo y escritura, una apuesta por la escritura creativa. Ésta presta atención a sus condiciones de aparición, es decir a la publicación y la práctica académica. Es preciso desafiar la instrumentalización de la escritura desde la creatividad, en busca de “una forma de escritura que crea un nuevo espacio desde el cual escribir”, encarnado y no abstracto, capaz de intervenir de modo innovador “rompiendo barreras entre publicaciones formales e informales.”

1 Sobre el impacto del reporte Finch véase: https://www.theguardian.com/science/2012/jun/19/open-access-academic-publishing-finch-report

2 El libro se puede descargar aquí: https://assets.publishing.service.gov.uk/government/uploads/system/uploads/attachment_data/file/32563/ipreview-finalreport.pdf